Salvador Dalí siempre expresó su admiración por la obra de Gaudí y fue uno de los primeros artistas de vanguardia que lo elogió públicamente. La materialización de obras a contracorriente de lo establecido marca un paralelismo entre ambos genios que Dalí se empeñó en poner de manifiesto. Un escrito de 1929 deja constancia de ello alabando la capacidad de la arquitectura del Modernismo de crear un mundo de sueños puro y turbador, “realizaciones de deseos solidificados”.1

Dalí en La Pedrera en 1951. Fotos Ricard Sans

De la Beauté Terrifiante et comestible de l’architecture Modern’ Style. Artículo firmado por Salvador Dalí publicado en Minotaure en diciembre de 1933

 

Su artículo “De la beauté terrifiante et comestible de l’architecture Modern’ Style”, de 1933,2 llega más lejos al punto de definir el arte de Gaudí como “comestible”, asignándole condición de vital, nutritiva, frente a la esterilidad que percibe en los dogmatismos artísticos entre los que incluye la por entonces instalada e indiscutible corriente funcionalista.

Estas ideas fueron enunciadas en momentos en que la tendencia dominante era menospreciar la arquitectura de Gaudí y el Art Nouveau en general por considerarlos extravagancias formales de un pasado ya superado por la “modernidad”.

En 1950 escribió en un artículo en la revista Vogue: “En el Passeig de Gràcia encontraréis ejemplos sensacionales de este tipo de arquitectura delirante, verdadera música debussiana solidificada”.3

Dalí definió a la obra de Gaudí como “arquitectura blanda”. Esto que podría interpretarse como una expresión peyorativa es en su caso el mayor de los elogios, especialmente por haber sido dicho a Le Corbusier para graficar la oposición entre la arquitectura gaudiniana y la rigidez dogmática de la del suizo. La anécdota fue contada por Dalí en su famosa conferencia en el Park Güell de 1956, donde agregó que la arquitectura será “peluda”, gracias a él mismo, “y entonces elevaré miradas al poder creador de Gaudí”.

En otro pasaje de su famoso discurso calificó a la obra de Gaudí como una bomba creadora y morfológica caída en el corazón de Barcelona, donde levantó edificios sublimes. “Pasarán muchos siglos antes de que se produzca otro igual a Gaudí”, expresó para sintetizar su indisimulada admiración. Finalmente pintó con alquitrán sobre una gran lona una silueta de la Sagrada Familia, que lamentablemente no se conservó. Solamente quedan algunas fotos que muestran al artista en acción y el dibujo con su firma.4

 

 

 

Imágenes de la conferencia de Dalí en el Park Güell el 29 de septiembre de 1956

La abundante obra que el genio de Figueres produjo aplicando su método paranoico-crítico, basado según palabras suyas “en la objetividad crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones de fenómenos delirantes”, contiene testimonios de su devoción por Gaudí.

Dalí tituló dos pinturas con expresas referencias al arquitecto: “Dionisio escupiendo la imagen completa de Cadaqués sobre la punta de la lengua de una mujer gaudiniana de tres niveles” (1958) y “Doble victoria de Gaudí” (1982). Hay también una serie litográfica de 1971 con una imagen de la Sagrada Familia y un conjunto de dibujos dedicados a Gaudí de 1976.

“Doble victoria de Gaudí” (1982)
“Dionisio escupiendo la imagen completa de Cadaqués sobre la punta de la lengua de una mujer gaudiniana de tres niveles” (1958)
Litografía de la Sagrada Familia (1971)
Dibujo dedicado a Gaudí (1976)

Otras varias obras muestran huellas de inspiración gaudiniana: “Monumento imperial a la mujer niña” (1929), “La libre inclinación del deseo” (1930), “La fuente” (1930), “La hora triangular” (1933) o “Las llamas llaman” (1942). En algunos casos se percibe una influencia en la composición de formas maleables, como en “Ángelus arquitectónico de Millet” (1933) y “Vestigios atávicos después de la lluvia” (1934).

“Ángelus arquitectónico de Millet” (1933)
“Monumento imperial a la mujer niña” (1929)
“La hora triangular” (1933)
“Las llamas llaman” (1942)

El natalicio de Dali se festeja el 11 de mayo. Es un buen momento para recordar que ambos grandes artistas comparten la cualidad de que sus obras admiten diversas lecturas a partir de la percepción desde el subconsciente de cada espectador . Dalí lo producía deliberadamente a través de su método. Gaudí no dejó explicaciones por escrito, pero bien podría hacer suya la frase de Dalí: “Lo que vemos en las cosas no está en las cosas, sino en el fondo de nuestra alma”.

Dalí en el Park Güell en 1953. Foto Francesc Català-Roca
Dalí en el Park Güell en 1953. Foto Francesc Català-Roca
Dalí en la azotea de La Pedrera en 1951. Foto Ricard Sans

1 S. Dalí, L’âne pourri. Le surrealisme au service de la Révolution (París). Núm 1. Julio, 1930. Pp. 9-12.

2 S. Dalí, De la Beauté Terrifiante et comestible de l’architecture Modern’ Style. Minotaure (París), Núm. 3. Diciembre, 1933. Pp.69-76.

3  S. Dalí, To Spain, guided by Dalí. Vogue (Greenwich CT). 15 Mayo, 1950.

4 J. Bassegoda Nonell, La conferencia de Dalí en el Parque Güell en 1956. Boletín de Arte nº 28, Departamento de Historia del Arte, Universidad de Málaga. 2007. Pp. 607-610.