En la Plaça Reial y el Pla de Palau de Barcelona pueden ser admiradas unas obras de Gaudí que pese a no tener el reconocimiento universal del que gozan otras obras suyas, reúnen sobradas cualidades para ser valoradas. Son las “Farolas para paseos y plazas” que proyectó en 1878 por encargo del Ayuntamiento, uno de sus dos únicos trabajos para las administraciones que consta que haya completado. El oficio por el que se le comisionaba este proyecto fue fechado el 15 de febrero de ese año.

Estas piezas de mobiliario urbano son  notables en muchos aspectos: aúnan buen diseño, funcionalidad, correcto uso de los materiales y las técnicas y una durabilidad sobradamente demostrada con mínimo mantenimiento. No es menos importante su adaptabilidad, ya que siendo proyectadas como farolas a gas fueron luego electrificadas. Todo un compendio de condiciones para poder señalarlas como temprano diseño sustentable. Otro factor que las convierte en especiales es la larga Memoria que acompañó el proyecto, que constituye uno de los pocos escritos en los que Gaudí explica sus motivaciones proyectuales.

El proyecto de las farolas presentado al Ayuntamiento en junio de 1878

Las farolas, en dos modelos muy similares de 3 y 6 brazos, son básicamente un fuste de fundición apoyado sobre un zócalo de mármol. A este fuste se anclan los brazos con las luminarias, también de hierro colado. Gaudí detalla en la Memoria pormenores del diseño, la construcción, la ejecución e incluso del mantenimiento. Cuando llega al apartado de la ornamentación deja unos párrafos muy interesantes. Dice Gaudí: a la sobreabundancia ornamental escultórica se prefiere con gran tino la estructura de los materiales naturales realzada con sencillos perfiles (…) y el amor a la verdad en las formas y materiales, son las cualidades propias del arte serio y verdadero”.

Deja claro entonces que la decoración quedará concentrada en determinados puntos importantes y explica el simbolismo que quiere otorgar a las farolas: La parte de verdadera importancia ornamental es el remate del sustentante cuya forma sintetiza la tradición de la historia de Barcelona”. Basado en los orígenes de la ciudad y su historia como centro comercial propone el símbolo de Mercurio, dios romano del comercio.

Así remata las farolas con el Caduceo, vara rodeada por dos serpientes ascendentes enroscadas y coronada con un casco con dos alas. Este elemento según la mitología griega fue regalo de Apolo a Hermes y es mundialmente reconocido como representación del comercio. Gaudí describe en su Memoria que estos elementos serán de metal, y su policromía incluirá dorados, azules y rojos. En el centro de los fustes hay escudos de Barcelona igualmente policromados.

Aunque Gaudí las previó para diversas plazas y calles de la ciudad, finalmente fueron instaladas solamente dos farolas de 6 brazos en la Plaça Real, otras dos de tres brazos en el Pla de Palau y dos más de este tipo en el Paseo Nacional (hoy Passeig Joan de Borbó), desaparecidas. Las de tres brazos  tienen diferente remate, presentando dos lagartos en lugar de serpientes. Tampoco cuentan con el casco alado.

Farola de la Plaça Reial. © Fundación Antonio Gaudí

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Detalle de una farola del Pla de Palau. © Fundación Antonio Gaudí

Como curiosidad cabe decir que si bien en el nombramiento se habla del “joven y aprovechado arquitecto” en realidad aún Gaudí no estaba titulado. Había aprobado el mes anterior el examen de reválida con el que concluyó sus estudios, pero el título de arquitecto le fue expedido el 15 de marzo siguiente. Más tarde en 1888 se le encomendó la decoración de uno de los salones del Ayuntamiento con motivo de la visita real a la Exposición Universal. De su proyecto solo se concretó el sillón para la Reina Regente ya que el resto de la decoración la ejecutó Lluis Doménech Montaner.

Estas farolas son magníficos ejemplos de equipamiento urbano que iluminan y embellecen los espacios públicos de Barcelona desde hace más de 140 años.

Detalles de las farolas de la Plaça Reial y Pla de Palau de Barcelona. © Fundación Antonio Gaudí